Un diciembre de historia para el futuro de Venezuela protagonizaron sus ciudadanos el sexto día del mes, con un matiz diferente según el Partido desde el cual se vivió.
Cambio, variante, medida emergente, superficialidad política, contra evolución, giro necesario a la derecha. Son esos algunos de los términos utilizados por la prensa internacional en su trato al grito político vivido en la nación suramericana: un parlamento que dominará la oposición con más de dos tercios de sus asientos.
Las descripciones de la jornada electoral fueron similares sin importar la tendencia de cada órgano de prensa.
El País, de España, comenzó en uno de sus comentarios señalando que “a partir del 5 de enero (la Asamblea) encarará el desafío de plantarle cara al Gobierno con un conjunto de leyes que reviertan la situación de escasez y desabastecimiento agudizada durante 2015”.
Mientras, el sitio digital Rebelión resumía: “La campaña antidemocrática contó con el descontento acumulado en la población acostumbrada a hacer largas colas para conseguir alimentos y medicinas, donde destacan la inflación, el desabastecimiento, la escasez y la disparada de precios”.
Ese elemento, más que otros, definió el cambio de preferencia en los comicios, los cuales marcaron la primera gran derrota de las fuerzas bolivarianas desde 1999.
La agencia Prensa Latina lanzó hacia esta línea su mayor énfasis, apuntalado en las declaraciones del presidente venezolano Nicolás Maduro: “en esta ocasión triunfó la guerra económica, una estrategia para vulnerar la confianza colectiva en un proyecto de país, triunfó circunstancialmente el estado de las necesidades creado por una política de capitalismo salvaje, de esconder los productos, de encarecerlos, una guerra sin parangón”, señaló.
La llamada “guerra económica” de la derecha y muchos comerciantes surtió efecto, el tráfico de productos y combustibles a Colombia también, aunque esta fue una línea donde el gobierno logró varios avances.
Pero no puede esconderse que el Ejecutivo, liderado por Maduro, no enfrentó con toda la fuerza que debía el contexto, ni con toda la inteligencia financiera, comercial y productiva que ameritaba la “crisis” que tocó la puerta a millones de ciudadanos quienes ejercieron “un voto castigo”. Tal ha sido el señalamiento de especialistas y varios militantes de la fuerza bolivariana.
Pero no es la economía la única marca que tatuó el momento para los “chavistas”. El distanciamiento de algunos políticos respecto al pueblo, casos de oportunismo y corrupción, y campañas políticas a nivel de dirigencia con poca acción social a profundidad, fueron lastres internos para los dirigidos por Maduro.
Otro elemento con gran influencia en el contexto fue la gran campaña de medios de prensa opositores, denunciantes de algunas verdades y creadores de falsas situaciones para dañar la imagen de sus rivales.
Un punto importante para el futuro inmediato de Venezuela radica en la necesidad de que ambos polos políticos logren un balance de acuerdos, responsabilidad que tiene mayor peso para la oposición que tendrá plenos poderes desde el parlamento.
“De no alcanzarse pactos razonables, la diatriba política podría terminar siendo la protagonista a partir del 5 de enero de 2016, sin una fecha de término, y plaga de desaciertos que empeorarían la crisis política y económica”, así resumió el diario El Mundo tal perspectiva.
Pero más allá del éxito o de la derrota, los comicios dejaron lecciones y han forzado nuevos empeños en las filas del gobierno socialista. Tras las elecciones iniciaron asambleas “de calle”, buscando renovación, diálogo, nutrición y mayor compromiso, así como la re-fusión del partido de gobierno con sus filas y los ciudadanos del país. Un proceso que apenas comienza pero que puede dar fruto de cara a la venidera pugna por la presidencia.
Incluso, movimientos en gabinetes ministeriales también comenzaron y continuarán, a decir de la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El estancamiento y la comodidad no caben cuando una idea de país, y el futuro de mucho más, está en riesgo.
Figuras con arraigo y agrado ciudadano, o con ideas claras en favor del proyecto socialista son objetivo y esencia para el crecimiento. Una tarea imprescindible y que apenas será el inicio de todo.
No como consuelo, pero sí como éxito de la vergüenza y la imagen del proyecto revolucionario: “Fuera de esto (de la derrota), la mal llamada “dictadura chavista” volvió a demostrar transparencia y honestidad del acto electoral que más quisieran tener muchos países dentro y fuera de América Latina, comenzando por Estados Unidos”, resumió el intelectual argentino Atilio Borón.
La historia vuelve a demostrar su fuerza cíclica. Los venezolanos, que la política no puede apartarse mucho de la vida diaria de un hogar o un ciudadano. El voto, que la “revolución” tiene que “revolucionarse”, no es una utopía que regrese al zenit. Es necesario, para bien de Venezuela, de América Latina, y de un mundo mejor.

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