“Té de brújula”: ¿a quién creer en los tiempos de las fake news? | Revista La Calle
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“Té de brújula”: ¿a quién creer en los tiempos de las fake news?

Hace tan solo unos días, y a raíz de la ratificación por parte del pueblo cubano de la nueva Carta Magna, alguien me preguntaba acerca de la libertad de prensa (la tan mentada libertad de prensa).

La interrogante me hizo cuestionarme otra vez acerca de este “concepto”, no solo porque motiva acalorados debates académicos entre los teóricos de las ciencias sociales y humanistas, sino porque la persona que en esta ocasión me motivaba a reflexionar al respecto no era ni un profesor universitario, ni un dirigente, ni algún colega, sino simplemente un cubano de a pie, un obrero asalariado que se levanta todos los días a las 6:00 am para llegar temprano a su trabajo y que como la gran mayoría en esta isla sufre por igual carencias económicas pero defiende a capa a espada la obra revolucionaria.

No me atreví a ofrecerle una respuesta tajante, mérito solo (tal vez) de quienes posean profundísimos estudios al respecto. Sin embargo, sí compartimos algunas ideas acerca del papel que debe cumplir el periodismo en toda sociedad, sobre toda en la socialista cubana. El diálogo nos llevó desde lo legislativo, hasta el fenómeno de las redes sociales con las fake news y lo que se publica a diario en periódicos como Granma y Juventud Rebelde.

Nuestro pueblo, a lo largo de los 60 años de Revolución, ha adquirido un nivel cultural digno de admiración fruto de la labor educadora que iniciara con la campaña de alfabetización en la ya lejana década de los 60. Desde entonces no nos conformamos con un conocimiento superficial de los temas y aconteceres, sino que leemos, indagamos, nos informamos; y es en este punto en el cual los profesionales de la prensa y de los medios desempeñan un rol de gran relevancia.

Hoy día, cuando pululan en las redes sociales las fake news y muchas televisoras emiten de forma descarada noticias que más que noticias son adaptaciones libres de la realidad de los pueblos, resulta primordial que el buen periodismo nos oriente en esta intrincada selva ubicándonos en tiempo y espacio, explicitando claramente donde se encuentran los puntos cardinales para que podamos entonces decidir al camino a tomar.

No es tarea fácil. La competencia a la hora de comunicar es compleja si tenemos en cuenta que dadas las herramientas que brindan las nuevas tecnologías cualquiera con la posibilidad y la intención puede convertirse en un comunicador masivo; y esto no está mal, pero algunos usuarios asumen con poco o ningún nivel el compromiso con la verdad, la que sí deben defender a ultranza los medios de prensa.

En el momento de consumir noticias, se requiere tener un juicio crítico no solo ante lo que leemos, escuchamos o vemos sino también ante quien lo creó. Habría que preguntarse, por ejemplo, a quién beneficia que los cubanos creamos que los vecinos del municipio Regla, en La Habana, se manifestaran en contra del presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez durante una visita a esta localidad luego del paso del tornado del 27 de febrero.

Esta fake news circuló con un video en el que “voces sin cuerpo y cuerpos sin rostro”, como dijera la periodista Arleen Rodríguez Derivet, abucheaban al presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba. La idea de la protesta sería inducida por el titular y el texto acompañante; sin embargo, no hay que ser cineasta para detectar a simple vista la dudosa “veracidad” del video.

Quienes construyeron este “frankenstein audiovisual”, con intenciones de volverse viral en la red, saben del estrecho vínculo que existe entre el pueblo cubano y sus dirigentes y desean precisamente todo lo contrario, revertir el apoyo a la obra revolucionaria; ejemplos de manipulaciones como las de este video sobran.

Preguntémonos cuál es el estado de opinión que desean provocar en nuestra población, un propósito para el que son capaces de utilizar descaradamente la mentira y la tergiversación, tal y como lo están haciendo también con la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Y no son solo las cuestiones asociadas a la política las susceptibles de ser vehículo para las noticias falsas, sino toda la realidad de nuestro país y del planeta. De ahí la importancia del juicio crítico, de dudar e investigar para no quedarnos con la de trapo, como decimos en buen cubano.

Sin embargo, a nuestros periodistas y medios masivos, a esos que sí responden a la ética profesional y han estado siempre junto a nuestro pueblo, los nuevos contextos comunicacionales les presentan además retos como la instantaneidad (ya no inmediatez) de la noticia y la necesidad de hacer un periodismo desde el barrio y con su gente, que exhiba las maneras de hacer y sentir de quienes vivimos en Cuba.

En su artículo 55, la Constitución ratificada el pasado 24 de febrero reconoce a las personas la libertad de prensa y estipula que los medios fundamentales de comunicación son propiedad socialista de todo el pueblo; agrega que se ejerce de conformidad con la ley y los fines de la sociedad. He aquí un valioso derecho a hacer valer sabiamente por los ciudadanos, pero cuya práctica no debe ser aliciente para que, como otros medios y usuarios malintencionados pretenden, una mentira repetida mil veces se convierta en verdad.

Porque para ser periodista, como dijera el maestro polaco Ryszard Kapuscinski, hay que ser ante todo buena persona.

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