Rebaja de precios: de dientes para afuera | Revista La Calle
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Rebaja de precios: de dientes para afuera

Según los odontólogos, un cepillo de dientes debe cambiarse cada tres meses, porque el deterioro de los filamentos impide la higiene en todas las zonas de la boca. Pero los mercados están diciendo otra cosa: un cepillo de dientes debe cambiarse cada vez que se pueda, y esto ha sido muy poco; a juzgar por los volúmenes que, cada mes, se acumulan y acumulan en Ciego de Ávila.

No obstante, desde que en el municipio cabecera un “excedente” permitiera bajar el importe de 10.00 pesos a 1.50, los propios establecimientos acaban de emitir una nueva recomendación: “compre bastante, 20 de un tirón si quiere, acapare, aproveche…”

Sin embargo, la última palabra parece tenerla Víctor Limia de la Rosa, especialista de precios del Grupo Empresarial del Comercio, cuando aclara cómo las anteriores “prescripciones” han venido a ilustrar una realidad que es visible con el cepillo, pero que “esconde” buena parte del Comercio que hoy se rige por lógicas,creíbles de dientes para fuera.

“Sí, porque cuando usted se mete a analizarlas se percata de que muchas son incomprensibles, hasta para un economista”, confiesa sin remilgos.

—¿Entonces, cómo entender que un cepillo que siempre me han vendido a 10.00 pesos, pueda rebajarse a 1.50, quién pierde ahora?

—Nadie pierde, yo mismo hice los cálculos. Se tuvo en cuenta el costo y ese precio final incluye hasta el impuesto del 42 por ciento que nosotros debemos aportar del total ingresado, que es demasiado y que se justifica, en parte, porque con esa recaudación se sustenta la Seguridad Social, la Salud, la Educación…, aunque es un impuesto que eleva, sustancialmente, el precio final de cualquier producto que se venda. Ello se indicó en una Resolución del Ministerio de Finanzas y Precios, de 2014.

—Entonces, un cepillo por 10.00 pesos ya venía siendo “excesivo”, más allá de esos porcentajes.

—Bueno, eso lo demuestra, en parte, el exceso de inventario que existía. La gente no lo estaba comprando. En este caso, dada la situación excepcional, nos permitieron establecer el precio y lo acordamos directamente con CEPIL.

“Pero solo se rebajó el ‘excedente’ que nos entregaron. El resto que le entrega CEPIL a la Empresa Mayorista Universal, y esta a nosotros, sigue hoy en el mercado, y continúa a 10.00 pesos. Y no podemos rebajarlo, eso es facultad de la Organización Superior de Dirección Empresarial, de la Dirección Empresarial del Grupo de Productos Industriales, al que pertenece esa Mayorista.”

El encarecimiento en la cadena de intermediarios sale a la luz después de que Invasor llegara al Grupo Empresarial de Comercio con la intención de informar el déficit de recaudación de unos 59 millones de pesos que la provincia debía aportar al presupuesto nacional y que ya no podrán  ser rembolsados antes de diciembre.

¿Serían excesivos esos planes o los avileños no gastaron su dinero en el mercado interno y lo guardaron, o lo gastaron en Panamá, Guyana y la lejana Rusia…, o lo invirtieron?

Reinaldo Frómeta, subdirector de Comercio, rehúsa las especulaciones y asegura que la causa fundamental del déficit de circulación se explica en el déficit de productos: “la gente no compra porque no hay”.

Este año, ejemplifica el directivo, unos cuatro millones de pesos no han podido recaudarse porque han faltado útiles del hogar (de los previstos en el plan). Dentro de ellos, frazadas de piso, escobas, velas, bombillos ahorradores y lámparas, cocinas de inducción, jabas de nailon…

A ello se suman otros 10 millones que tampoco se rembolsarán porque son productos de aseo que no entraron; además de otros 44 millones correspondientes a materiales de la construcción, esencialmente, carpintería (puertas y ventanas) y elementos de techo, que faltaron al Comercio de la provincia.

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Contrariedades: por un lado se estimula la producción de materiales de la construcción, y por el otro se estancan en las tiendas: ¿(i) lógicas del Comercio? (Foto: El Invasor)

Sin embargo, Frómeta aclara que, a pesar de que las ventas fueron previstas teniendo en cuenta los planes de la vivienda y las afectaciones del huracán Irma, se dispuso en las tiendas de un nivel de recursos para el resto de la población.

“Y, ante el impedimento de poder venderlos, y el hecho de que muchos damnificados tampoco han dispuesto del 50 por ciento del valor del recurso para comprarlo, o han usado el dinero en otras cuestiones, las tiendas poseen materiales estancados (en lo fundamental, cemento y bloques de producción local) y, fuera de ellas, las necesidades siguen insatisfechas.

”Hasta ahora, no obstante, las medidas para incrementar la recaudación se han dirigido a otros sectores del Comercio, y es ahí donde entran en la historia los cepillos de dientes y el Lomaté rebajado de 20.00 pesos a 3.00 que, a juzgar por el acaparamiento, podría mantener a la ciudad libre de insectos durante todo un trimestre.”

“Pero, con eso, no nos acercaremos a cumplir lo pactado; date cuenta que, en un día, los cuatro establecimientos del bulevar y la Feria vendieron solo unos 50 000.00 pesos”, confiesa Frómeta, y enuncia cómo se han movido inventarios (lentos) de otras provincias a la nuestra para intentar recaudar lo planificado. Las licras, que mantienen en vilo a las revendedoras del recinto ferial avileño, son un ejemplo elocuente de ello.

—¿Y no pudiera interpretarse que la subida de precio de algunos productos de la Feria (que ha vuelto a incrementar los días de oferta) responde a esa política de recaudar, a última hora, a partir de insuficiencias del mercado que termina “pagando” la población?

—No, los productos de la Feria (el vino, la crema untable y la leche condensada) que no son de primera necesidad tenían precios muy por debajo de lo que poseen, incluso, en otras provincias, y, en esos casos, el Gobierno sí está facultado para modificar el precio, porque no tienen componentes en divisas ni se suministran a través de la Mayorista. Además, está demostrado que, en su mayoría, los compraban para revenderlos a precios muy por encima. Es una medida para evitar la especulación —reconoce Frómeta.

Pastora López Leyva, directora del Grupo Empresarial de Comercio,también rebate esa idea y niega tal posibilidad, a partir de que se trata de artículos con escasísimo peso (en valor físico y monetario) dentro del mercado avileño. “Con ello solo buscamos eliminar el acaparamiento y la reventa”, reafirma.

No obstante, siguiendo ese criterio, podríamos llegar a pensar que, dentro de poco, subirá el precio de las galletas saladas y dulces, pues esta reportera fue testigo de cómo los agentes del orden aclaraban frente al kiosco: “Todo el que quiera volver a comprar que se ponga detrás del que no lo ha hecho todavía”.

Así se organizaba la re-venta un jueves a media mañana, donde apenas una treintena de avileños llegaban al mostrador y era muy fácil y rápido llenar el saco. Cada 15 minutos les volvía a tocar.

Aunque tales desmanes no hubiesen mermado si la oferta (aún insuficiente) hubiese mantenido su cronograma habitual, resulta cuestionable que los directivos del Comercio en la provincia anden buscando alternativas, a causa de planes que no fueron reevaluados. ¿Acaso la lógica no indica adecuar el plan de recaudación del año a partir de lo que no se suministró y, por tanto, no pudo ni ofertarse?

Pastora también lo cree, pero explica que el cambio no fue posible debido a que comprometía la Ley del Presupuesto, que es de obligatorio cumplimiento. El hecho de que alrededor del 40 por ciento de ese presupuesto se capte hoy, gracias al impuesto sobre las ventas, así lo justifica. Sin embargo, incumplir con los planes equivaldrá, finalmente, a incumplir la Ley. ¿Entonces?

Lo estático de esa visión provoca no solo cuestionamientos a niveles macro de la economía, sino impactos negativos en la del bolsillo. “Llevamos seis meses cobrando el mínimo posible porque no cumplimos las ventas”, ¿y cómo podríamos?, se lamenta Víctor Limia, quien ahonda en una alternativa (hoy insostenible) que destapa, a su vez, nuevas incongruencias.

“El precio final de cualquier producto que vendamos (además del incremento del 42 por ciento) tiene un impuesto de alrededor de un 10 por ciento, que es con el que nosotros funcionamos (o sea, Comercio y Gastronomía pagan salarios y otros gastos con ello), y, al tener pocas ventas, y pérdidas en la venta de varios productos, ni siquiera podemos disminuir precios, a costa de ganar menos nosotros, pero ganar algo.”

—¿Pérdidas en la venta?, otro contrasentido —riposto.

—Sí, si nosotros respetáramos el precio con el que llegan, por ejemplo, todos los productos de Ceballos y les aplicamos esos dos porcentajes (el 42 y el 10), una barra de guayaba rozaría los 20.00 pesos, por ejemplo. ¿Qué hacemos entonces? Aumentamos, disparamos el precio de otros productos que nos llegan con costos menores, y amortiguamos las pérdidas de unos con las ganancias de otros —reconoce Víctor.

Por ello, hoy evitan comercializar cualquier suministro de Ceballos, según admiten Víctor y Frómeta, para sorpresa del más avezado economista. Por ello, también hoy, en dependencia del suministrador y del recorrido, una lata de jugo de piña puede costar 10.00 pesos o 22.50. La misma lata, salida del mismo lugar.

Y varía el precio, asimismo, en dependencia de la estrategia del Comercio para no perder o poder ganar; algo, que, increíblemente, no se explica del mismo modo.

De ahí que los cepillos de dientes hayan venido a ilustrarnos los vericuetos de una economía tan enrevesada que, a estas alturas, uno no sabe en qué medida los anuncios de una rebaja, una subida o un precio “inalterable” obedecen a dinámicas reales o son impuestos de dientes para fuera.

*(Escrito por Katia Siberia)

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