Popular, así es nuestra Constitución | Revista La Calle
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Popular, así es nuestra Constitución

Cada país del mundo requiere una Constitución, una ley fundamental en la que se establezca cuáles son los fundamentos del Estado, su estructura de poderes y alcance y que sea garantía de los derechos y deberes de los ciudadanos.

Sin embargo, surge una pregunta ¿pueden todos esos ciudadanos cuyos deberes y derechos se estipulan en la Ley de leyes participar en su creación?

Pudiera parecer una interrogante con respuesta positiva, pero si analizamos los sistemas políticos y las ideas de democracia vigentes en diferentes países apreciaremos que en la gran mayoría de los casos no se cumple lo que debería ser un axioma para la redacción de una Carta Magna.

En muchos de los países de la llamada democracia occidental la redacción de la Constitución no prevé la consulta con las masas, sino con supuestos representantes de ellas que responden en realidad a los intereses de las élites económicas; por lo que al final la totalidad de los ciudadanos no participa de forma alguna en la gestión de tan importante documento y por tanto tampoco podrán ver sus ideas y criterios reflejados en él.

En este sentido los cubanos somos privilegiados. Aquí la Constitución la hacemos los obreros, los campesinos, los estudiantes, los intelectuales… En el proceso constitucional que vivimos recientemente en la isla cada quien tuvo la posibilidad de expresar su opinión en relación con determinado artículo o todo el texto en general.

Somos una sociedad marcada por la heterogeneidad, por la coexistencia pacífica de diversas culturas, religiones y costumbres que heredamos tanto de nuestros abuelos europeos como de los africanos y de otras partes del mundo. Las diferencias, que son muchas menos que las condiciones que nos unen, se hicieron patentes en los debates acontecidos en nuestros barrios.

Sin embargo, lo más importante es que el debate reflejó una genuina expresión de participación y democracia popular, como pocas alrededor del planeta.

Las adiciones, supresiones, interrogantes y sugerencias fueron analizadas al detalle por la comisión parlamentaria; esto dio lugar a un proyecto de Constitución enriquecido con la savia popular, que fue la Carta Magna que aprobó nuestra Asamblea Nacional.

Así, el pasado 24 de febrero 6 816 169 cubanos marcaron con una X la casilla del Sí en el referendo para ratificar la nueva Ley de leyes.

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Millones dijeron “Sí” como millones son las razones para apoyar el texto, entre ellas y una de las más poderosas el hecho de que fue construido por y para el pueblo, que mediante los debates se convirtió en el máximo protagonista del proceso.

Unidad, que no es lo mismo que unanimidad, y poder del pueblo, de nuestros vecinos, continúan siendo elementos primordiales de nuestro sistema político, que como nuestra nueva Constitución es ante todo popular.

 

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