Polito Ibáñez: “Yo quiero invitar a la gente a reflexionar” | Revista La Calle
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Polito Ibáñez: “Yo quiero invitar a la gente a reflexionar”

Convencido de que “lo nuevo” no existe, Carlos Hipólito Ibáñez, más conocido como Polito, se sienta a escribir. Intenta reinventarse, buscar la novedad más allá de los clichés, de las emociones repetidas, de los deja vú. Para él todos los sentimientos de los hombres son comunes, se heredan de generación en generación, pero la novedad radica en el tiempo y la forma en la que se elaboran.

Cuando las corrientes de la Oceanología no llegaron a Cienfuegos, la carrera de actuación suponía su camino más cercano a la música, hasta entonces no logrado. Así llegó a la Escuela Superior de Arte de La Habana (ISA) a estudiar actuación, pero convencido de que lo suyo no era el teatro. Por eso sus años en aquella escuela pueden quedar resumidos en el edificio central, donde ensayaban los músicos, o al salón donde estaban las orquestas de cámara.

Aun estudiando actuación no dejaba de cantar. Ya sabía tocar la guitarra y el tres, y algo de piano, y había escrito algunas canciones cuando era un adolescente. Pero fueron dos sucesos los que marcaron su necesidad como creador de otra naturaleza: un concierto de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en la escalinata de la universidad, y coincidir con Carlos Varela en un aula del ISA. “Yo miré a Silvio y dije: quiero ser igual que ese tipo. Me fascinó la manera en que componía y cantaba”.

Asistía a unas peñas que se hacían por aquellos años en La Habana. Era la época de Marta Campos y Donato Poveda y para cuando se graduó, solo un 28% de él se sintió actor. El resto siempre fue músico. Un músico que cada vez reunía más personas y al que le empezó a ir bien en ese mundo.

No se considera un “creador rápido”, por eso, en más de 30 años de carrera reúne tan solo seis discos. Para componer necesita tener unas cuantas experiencias en la sociedad en la que vive, momentos intensos y algunas “locuras”. Pero eso no se consigue en una semana, y aunque pudiera escribir canciones de oficio todos los días, aprobarse lo que hace le toma su tiempo.

Algo ha estado naciendo desde lo imposible, eso que él ha estado buscando siempre y que cree que mueve el mundo. Seis años después de “Sombras Amarillas”, tiene diez canciones y ha surgido de la tentativa, del “veremos qué pasa” entre un productor, un cantautor y un ingeniero de sonido que no se entienden cuando de mezclar se trata.

—Tú has sido un cronista de tu época y de tu país, ¿el público seguirá encontrándote así en esta nueva producción?

“Yo creo que esta es una sociedad que se ha repetido. Es válido recordar que el Polito Ibáñez que la gente tiene masivamente es el de “Como a Mujeres” o “Doble Juego”, canciones que fueron un complemento. Pero he sido un creador interesado fundamentalmente en los problemas sociales, en la tendencia al desarrollo social y mi obra polémica, aquella de finales de los 80 y principios de los 90, es una obra que yo nunca he dejado de defender.

Este disco será profundo, con canciones de amor, reflexivas. Más que ser un cierre de ciclo, o ser algo nuevo, es la permanente búsqueda que tengo de la verdad de lo que es el arte. Sobre todo el supremo, que es donde están los sacerdotes del arte, los Benny Moré, los Mozart…”

Y ahí es donde él aspira llegar, aunque no se sienta parte de eso todavía. Trabaja para dejar una obra que trascienda, que emocione a las personas y las eleve, sin importar que la huella de su nombre se borre.

Entonces hace una pausa, una incidental para recordar aquellos inicios, porque no le gusta que el público piense que tiene temor de cantar aquellos primeros temas.

“No es temor, son los tiempos. Aquello no sé si era un problema de la edad o del momento, pero esas canciones y esa necesidad de cantarlas para mí tenían que ver con lo que estaba ocurriendo, después de eso no me ha sorprendido nada”.

Piensa en la época en la que las escribió y en todas las tragedias permanentes que lo inquietaron. En todas las críticas y cuestionamientos que se hizo desde el amor que le tiene a su país, porque él es un patriota tremendo.

Después viajó y conoció el mundo. Después comprendió que no vivía en una sociedad paralizada, sino en una que nacía y se descubría.

“A mí me movía una pasión: el amor por Cuba y lo hacía desde una perspectiva creativa, aunque a veces fuera muy mordaz, muy acre en mi crítica, aunque a veces apelara al sarcasmo. Pero ¿qué cosa es el arte si a veces no tiene un poco de comicidad o de llanto? Yo no puedo hacer que todas las canciones sean alegres. No puedo hacer crítica desde la alegría o dando soluciones. Mi función como artista es velar, y poner encima de la mesa, como hacen los periodistas, las verdades humanas, y no necesariamente resolverlas.

Eso no lo he abandonado. ¿Recuerdan la canción “Titulares”? Pues hoy siguen siendo los mismos, el que no sigue siendo el mismo ante esa retórica soy yo.”

— ¿Alguna vez te sentiste incomprendido?

“En mis inicios hubo personas que fueron muy críticas conmigo y que me gustaría que pudieran leer esta entrevista, y darse cuenta que cada una de aquellas canciones no significaban que Polito andaba persiguiendo un público o queriendo provocar. Yo conozco los mecanismos, porque estudié en una escuela de arte, gracias a un país que pone la educación en manos de la gente y que la puso en las mías. Yo estudié una carrera que me permite conocer exactamente qué ocurre cuando una canción termina. No soy tan ingenuo como para no saber que estaba haciendo una canción que iba a provocar, pero ese no era mi punto de partida”.

Polito considera que no todas sus canciones tienen que ir a un punto neurálgico de la sociedad, cuestionarla y hacerla transparente a lo que él quiere decir. “Yo quiero invitar a la gente a que reflexione, a que encuentre ciertas verdades en un texto en el que no está obviamente cuestionada “la cosa” y realmente sí lo está”. Para él, estas canciones siguen siendo muy contemporáneas, e incluso las personas las pueden escuchar hoy de otra manera.

Y para que el público no sienta su ausencia llega este 29 de marzo al Teatro Mella de La Habana para cantar esas canciones de las que la gente se enamoró. Estará celebrando sus 54 años, con barba teñida, con mucha salud y mucha claridad, para saber qué necesita como artista y qué necesita Cuba de él.

“Cuba es mi prioridad absoluta. Voy a tratar de hacerlo sin concesiones, sin paternalismos, sin repetirme. Pero con una pasión tremenda de que este país esté a salvo siempre de cualquier cosa, por encima incluso de las posiciones ideológicas”.

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