Pedro Pablo Pérez Díaz nació en Cárdenas, Matanzas. Hijo del pintor barnizador, Dionisio Pérez, y de Brígida Díaz, quien desde muy temprana edad trabajó en La Habana como empleada doméstica para ayudar al sostén de la familia; al amparo de sus abuelos lo sorprende el 28 de septiembre de 1960
“Cuando se habló de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), yo al igual que mi familia me incorporé a esta organización”.
¿Qué hacía usted al momento que Fidel hace el llamamiento para crear una organización como los CDR?
Era estudiante y al calor de todo el entusiasmo y la emoción del pueblo por participar en la construcción de la revolución triunfante, al igual que mi familia me incorporé a esta organización.
Surgieron una serie de disturbios, Cárdenas fue uno de los lugares donde hubo que sacar los hierros a la calle porque la contrarrevolución había hecho algunas manifestaciones. Por la calle donde yo vivía pasó la gusanera gritando y como sabían que había sido nuestro CDR uno de los primeros en ser creado hubo acciones en contra de la casa. La sangre no llegó al río pero trataron de intimidar.
Mi abuelo que era un comunista neto y al CDR le puso como nombre José Antonio Echevarría, hijo de esta tierra.
Yo era capitán de la patrulla juvenil, una estructura que surge en 1959 como apoyo a la Policía Nacional Revolucionaria. La principal confrontación la teníamos con los Yaquis Negros, un grupo integrado por descendientes de gente con poder adquisitivo económico. A veces hasta atacaban las escuelas para tratar de promover el miedo y dividir.
Foto: Abel Rojas
LA CAMPAÑA DE ALFABETIZACIÓN
“A mí me tocó participar en oriente, en los llanos de Guisa. Allí alfabetizamos a 4 campesinos, fue un momento de mucha satisfacción. Tenía muy corta edad y mi abuela no quería que sufriera alguna agresión… Y el abuelo le dijo: no tiene edad pero “él es un hombre” y permítele ir a la campaña. De todas formas, y para aliviar las preocupaciones de mi abuela me fue a visitar a la sierra”.
¿Para sacarlo de allí?
No, al contrario, para llevarme una cajita con cosas que consideraba podría necesitar estando lejos de la casa y fundamentalmente solo, en un lugar donde nunca había estado.
Nosotros nos incorporamos de lleno no solo a la alfabetización, sino a la vida de los campesinos. Yo enseñaba a dos compañeros en la casa donde vivían pero había otra casa que no tenía brigadista y los uní para que no se quedaran atrás y los alfabeticé también. Había algunos reticentes, pero al final aprendieron. Como éramos pequeños nos trataban como a sus propios hijos.
Al concluir la campaña hubo un acto en la Plaza de la Revolución, el 22 de diciembre. Además del himno de la alfabetización se hizo otra canción que era: Cumplimos, cumplimos, cumplimos. Triunfamos, triunfamos, triunfamos. Cuba lo dijo ante el mundo nosotros lo realizamos. Adelante los pueblos de América… Y finalizábamos Fidel, Fidel, Fidel, dinos que otra cosa podemos hacer. Y es cuando Fidel dice: Estudiar.
Foto: Abel Rojas
Y A ESTUDIAR
“Entonces nos ubican y hospedan en todos los centros que eran de la burguesía. A mí me correspondió inicialmente en la playa de Tarará, al este de La Habana, en el bloque número 3. Allí en la beca se organiza la Unión de Jóvenes Comunistas, ya yo era joven rebelde antes de ir a alfabetizar. En un principio fui secretario organizador del bloque y al trasladarnos para el reparto Siboney mantuve responsabilidades en la Unión de Estudiantes Secundarios, que en aquel momento existía y de la UJC”.
Pedro Pablo se incorpora al Instituto Técnico Militar Hermanos Gómez, que en los años 60 forma a un grupo de jóvenes de todo el país. Junto a otros estudiantes es seleccionado para ir a la URSS, donde termina en 1979 la ingeniería en construcción naval. Sus recuerdos se amontonan, habla de casi toda su vida en pocos minutos:
“Los compañeros de la embajada querían que me quedara trabajando como diplomático. Les dije que había estudiado el nivel técnico para aportar, finalmente estuve un año en la cancillería. Luego un grupo fuimos una fábrica que se encontraba casi en el círculo polar ártico para recibir entrenamiento. El frío era de hasta 35 grados bajos cero, pero esa industria de reparación de barcos era muy prestigiosa en aquel momento. Allí fungí como jefe del colectivo de estudiantes y estuvimos un año de práctica hasta regresar a Cuba en 1972.
“Desde que llegamos fuimos dirigentes de base de los CDR, ahora mejor organizados. Desde el punto de vista laboral me nombran al frente de la industria auxiliar naval de la Empresa Astilleros de Girón.
“Después de dos años de trabajo me proponen continuar instruyéndome. Regreso a la Unión Soviética a estudiar en Kaliningrado, una ciudad que fue trofeo de Alemania. Me designaron para asumir la responsabilidad de todos los educandos cubanos. En el 74 adquiero la militancia del partido. Activista de la comisión nacional de relaciones exteriores de la UJC y miembro del comité regional de la juventud en Pesca estuvieron entre los muchos cometidos que asumí hasta 1979 cuando retornamos a la patria con el título de ingenieros”.
Comienza entonces una etapa de simultanear su profesión con la capacidad para dirigir y desempeñar cargos políticos. Por su memoria pasan los momentos en el Centro de Proyectos Navales, sus funciones en el departamento de colaboración económica del entonces Ministerio de la Pesca.
“Seguía siendo de la Comisión de Relaciones Internacionales de la UJC. En 1982 cumplí misión internacionalista en Etiopía. Al encargo de traductor se sumó el de jefe de campamento y vivienda e instructor político. Cuando retorno a Cuba me nombran jefe de departamento y control de las inversiones en mi organismo, todo ello compartido con las tareas como dirigente de base en los CDR”.
Foto: Abel Rojas
¿Cuándo comienza en los CDR como dirigente profesional?
En el año 1993 comienzo como Coordinador Municipal de los CDR en La Habana Vieja. Me di cuenta de que había muchos puntos rojos y que mi contribución ahora era en este frente. Me dijeron que era por dos años y nunca más salí de dirigente profesional en la organización.
En pleno período especial, cuénteme alguna anécdota de ese momento.
Fue difícil. Nosotros por ejemplo teníamos una brigada de vigilantes de cine, eran cerca de 95 compañeros, muy bien organizados.
En esa etapa había elementos contrarrevolucionarios, y pudiéramos decir malhechores, que pretendían hacer atentados. Miembros de la brigada, identificados con sus carnés, entraban y protegían la instalación. Otra iniciativa fue formar un grupo de compañeros para evitar ataques o acoso a turistas.
Pero el momento más delicado resultó el 4 de agosto, cuando se empezaron concentrar muchas personas malas, delincuentes, que realizaron acciones negativas y ocurre la muerte en la lancha de Regla de un miembro de la PNR, quien quería impedir que se apropiaran de la embarcación.
Había grupos de gente organizados para provocar y ofendían a los policías, que tenían prohibido actuar y nosotros, los cederistas, asumimos el enfrentamiento a aquellas instigaciones en contra de la Revolución y de la sociedad en definitiva.
¿Qué recuerda de ese instante?
Estaba en la Alameda de Paula conminando a la gente a que se retirara. De momento sale una gente del tumulto y grita, “ese es un traidor, ese es un descara ‘o, se llama Pedro Pablo Pérez Díaz y tiene a toda su familia en los Estados Unidos”. Me vino una avalancha encima, eso fue un momento crítico. Y yo hacia adelante. Mis compañeros me sacaron de allí, como si fuera una parihuela, me llevaron hacia el puesto de mando.
Sin embargo, quería volver, y me indicaron que fuera para otro lugar, pero retorné a donde querían matarme. No pasó nada… No dormimos ese día… El 5 de agosto casi a las 5 a.m., por la calle Inquisidor, que casi sale a la avenida del Puerto, había un grupo de personas que quería brincar y coger un barco. Nosotros hicimos un cordón pero a la hora lo rompieron y tomaron la nave y allí fue donde se formó la cosa. Cuando entraron al barco no tenía motor. La orientación era no usar las armas de fuego, aunque algunos de los sediciosos sí dispararon. Como a las ocho de la mañana llega el contingente de constructores Blas Roca, entonamos las notas del Himno Nacional con picos y palas en alto y empezamos a dar cuero.
Los contrarrevolucionarios cogieron por la avenida del Puerto hacia la loma de la Punta y se formó una batalla a pedradas del carajo. Fueron momentos emocionantes, compadre, y difíciles. Hubo gente a la que se le aflojaron las piernas.
Ese mismo día, las fuerzas revolucionarias que estaban en la Lonja del Comercio nos reunimos y se comenzaron a dar instrucciones. Recuerdo que todos estaban hablando y de pronto la oradora dice: continúa Pedro Pablo, y le metí un speech con tremenda fuerza para levantar el ánimo, porque por la calle Chacón nos habían quemado una bandera cubana y había que batirse. Estaban tratando de alterar el orden y armar rollo para que se pensara que había una división en el país, una guerra interna.
Foto: Abel Rojas
Estamos viviendo un contexto distinto al que promovió la creación de los CDR e incluso al comienzo del período especial. Ahora ¿cuál es la utilidad de esta organización?
La existencia de los CDR está estrechamente vinculada a la existencia de la Revolución. Yo no me imagino, en mi mente no cabe, que en una cuadra no haya un CDR, precisamente ahí la Revolución estaría en desventaja. Hay que mantener algunas tareas adecuadas al momento, la vigilancia por lo que nacimos, la salud y la prevención son tareas que la organización debe seguir manteniendo, preocupaciones sociales que deben permanecer.
Y cuando hablo de la vigilancia no me refiero a la guardia hasta las 3 o las 5 de la mañana, sino la vigilancia revolucionaria en su sentido más abarcador y en cualquier momento, es imprescindible, con más razón en estos momentos.
La lucha va a ser más difícil ahora luego del restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos, por ejemplo. Antes era al descubierto, ahora es mucho más sutil, pero los CDR tenemos que desempeñar el papel que Fidel y la Revolución le han dado. Fíjate si Fidel confía en los CDR que en el 50 aniversario nos volvió a decir las mismas cosas que al momento de su creación: hemos cumplido, y ustedes seguirán cumpliendo la promesa de aquella eterna noche. Ahí está la convocatoria a las nuevas generaciones.
¿Qué cree del papel solidario que deben asumir?
La solidaridad es fundamental para que todos estén comprometidos. No avanzaremos más si solo pedimos que se cumpla con esta u otra tarea, o se pague la cotización sin un trabajo previo de concientización, o sin preocuparnos por un cederista que tiene determinados problemas. No es decirle dona sangre; es ser solidario con la familia. La sociedad ha resquebrajado los valores de unidad y ayuda. La gente hace las cosas mejor cuando recibe atención. Lo compromete más que una directiva y de esa forma contribuye mejor a la solución de los problemas y necesidades de todos en las cuadra.
EL MUSEO 28 DE SEPTIEMBRE
Foto: Abel Rojas
Será mi pequeño granito de arena con la organización y con Fidel. Él fue quien lo enunció, el 10 de febrero de 1975, en un pleno de la dirección nacional. En aquel momento eran seis provincias y el municipio Isla de Pinos. Los coordinadores trajeron regalos al Comandante en Jefe en nombre de los cederistas de sus territorios. Fidel los fue recogiendo y calificó de maravillosos esos presentes. Subrayó que les concedía tremenda importancia y que los iría preservando para tal vez un día hacer un museo de los CDR, lo cual se cumplió 32 años después, el 27 de septiembre de 2007.
¿Quiénes han ayudado?
Todos los fundadores se han desprendido de objetos y algunos que estaban en el archivo central. Se hizo una convocatoria y mucha gente aportó piezas, revistas, fotografías. Todavía seguimos recibiendo contribuciones.
¿Cómo está concebido?
Se parte de los antecedentes, las tareas que han cumplido los CDR, sus mártires, las piezas de la primera edición del museo itinerante, que hicimos en el 2010 y que volverán a estar en todas las provincias durante este aniversario 55.
El museo es historia viva y por ello muy importante para incentivar a los jóvenes para que se interesen. Incluso por la ubicación que tiene la institución, muchos extranjeros que visitan Cuba conocen la historia de los CDR de primera mano, pues no pocas veces cuando llegan aquí tiene una visión tergiversada de la organización.
Yo creo que en principio es necesario preservar la memoria…Fidel dijo en un discurso: “quien olvida la historia cava su propia tumba”, y esto es una realidad, no se puede olvidar el pasado, hay que preservarlo, respetar a la gente que se entregó para preservar esta obra.
Los CDR contribuyeron, a 1 año y 9 meses del triunfo, a unir al pueblo en torno a la Revolución, son los que han permitido nuclear a la gente en la cuadra, y convocado a analizar, participar y reconocer los proyectos llevados a cabo en esta nueva sociedad. Ha sido y seguirá siendo un brazo fundamental de la Revolución, y nosotros seguiremos luchando al lado de esta organización, nacida de la mente, el corazón y la palabra ardiente de Fidel, concluye Pedro Pablo.
Foto: Abel Rojas







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Muy buen trabajo. ? Don están los libros con la historia de los CDR?