Mi casa también es la Patria | Revista La Calle
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Mi casa también es la Patria

“La casa donde yo vivo conseguiría ser reclamada por un ciudadano norteamericano según el título III de la despiadada Ley Helms-Burton”; así me comentaba hace poco un amigo.

“La Revolución me convirtió en propietario del lugar donde vivo gracias a la ley de Reforma Urbana del año 1960. Primero, en los primeros meses del triunfo revolucionario, se exigió a los dueños la rebaja de alquileres; luego las viviendas pasaron a ser propiedad de sus moradores permanentes.”

“Al igual que por las grandes propiedades, por las casas también hubo indemnizaciones y se les pagó centavo a centavo a sus antiguos dueños. Por cierto, los CDR estuvieron hasta el año 1970 entregando los cheques vitalicios a los afectados por la ley.”

Y con voz firme dijo: “Mi casita la he cuidado a lo largo de estos 60 años; la arreglo, la pinto y estoy dispuesto a defenderla a cualquier precio, lo mismo en un litigio legal que si me la quisieran arrebatar a la fuerza. “

“Mis padres nunca tuvieron vivienda propia, debían sacrificar la mitad de sus salarios en el alquiler de un pequeño espacio, comprar comida barata y tratar de no enfermar para no gastar en consultas y medicamentos.”

La amenaza de aplicar la injusta Ley Helms-Burton después de 23 años es una agresión contra el pueblo cubano. Las industrias, los bancos, hoteles y terrenos que el gobierno popular nacionalizó están respaldados por la Constitución del año 1940, donde aparece la posibilidad de socializar la propiedad y pagar una indemnización justa.

La Helms Burton, un documento terrorista, trata de chantajear al gobierno cubano con su aplicación alternativa en diversos tiempos. Aprobada en 1996 ante la impotencia por acabar con la Revolución Cubana, se usa ahora como parte de la guerra sicológica para frenar las inversiones de los que ven en Cuba un mercado seguro.

Al igual que la Enmienda Platt, la Ley Toricelli, las leyes de migración y otras, nace de la doctrina Monroe que establece “América para los americanos”, o más claro, para los Estados Unidos de Norteamérica. Traduciendo al español criollo lo que dijo recientemente una funcionaria rusa refiriéndose a su país y a Venezuela: Cuba no es provincia de EE.UU.

Por lo tanto, el hogar de mi amigo, los terrenos que producen bienes para el pueblo, las industrias, almacenes, establecimientos, hospitales, las minas y hasta el aire que respiramos no son jurisdicción extranjera. Y como somos soberanos, tal y como dicta la Constitución recientemente proclamada, ni los Comités de Defensa de la Revolución ni las organizaciones de masas desaparecerán en Cuba.

 

 

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