La historia de una “cubana genuina” | Revista La Calle
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La historia de una “cubana genuina”

A primera vista quizás no podemos imaginar la larga trayectoria de Sara Aidé Benavides Treto. Proveniente de un seno familiar campesino y humilde, durante el gobierno de Batista cuando apenas contaba con cuatro años, sus padres fueron desalojados a punta de pistola de sus tierras.

“Él tuvo que salir con su familia; con su madre, con su esposa y con sus seis hijos; andar por ahí a ver dónde podíamos situarnos”, expresó mientras fijaba su vista en la distancia.

Pero, a pesar de los contratiempos, Sara pudo cursar la enseñanza primaria, secundaria, hasta que realizó sus estudios en la Academia para ingresar en la Normal de Maestros. Fue luego cuando respondió al llamado para trabajar en las montañas del Escambray, “aquel pedazo lleno de los recuerdos de mi padre”, como afirmó.

Primero comenzó con la custodia de dos milicianos en la llanada de Gómez, lugar donde habían ahorcado a Conrado Benítez, y de allí la trasladaron por cuestiones de seguridad; pues ya habían trazado un letrero en su pizarra amenazando con que le ocurriría lo mismo que a Conrado.

Sara nos contó una anécdota que le ocurrió como maestra: “Un día montamos la canción de la niña mala, pero qué iba a pensar yo que en aquella aula de la vocacional una alumna me iba a decir –profe yo conozco a Dorita, Dorita se llama María de los Ángeles, y le dicen Coco y vive en el central Narciza y yo vivo ahí también. Le dije, ay pero no me digas eso, el viernes vamos allá a ver a Dorita, me voy con ustedes en el pase”.

Se torna una tarea difícil resumir la labor de esta mujer, de esta “cubana genuina” como la catalogó Osany Miguel Colina Rodríguez, Presidente del Consejo de Defensa Municipal de Santa Clara. Trabajó en Topes de Collantes, cooperó con los compañeros de lucha contra bandidos, dirigió escuelas en Santa Clara, participó como fundadora de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y hoy suma a sus lauros, la medalla por la Defensa y la Unidad del Barrio.

“Desde que los CDR se fundaron, tengo cargos en el CDR en diferentes lugares, he rotado por muchos lugares, pero aquí llevo alrededor de 15 años de presidenta, y en esos quince años de presidenta he aprendido tanto, de la gente, de las masas, de las cosas que se pueden hacer”, añadió.

Así es Sara, una mujer, que a pesar de su edad, mantiene el ímpetu y la vivacidad, el deseo de seguir apoyando la obra que ella misma ayudó a forjar.

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