Servicios a la población: ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN | Revista La Calle
cuentapropismo4

Servicios a la población: ENTRE REALIDAD Y FICCIÓN

Josefa sorprendió al día. Con la destreza de una quinceañera pero con sus 67 años a cuestas recogió el solitario plato en el viejo fregadero. La repentina tupición que le impidió dejar la cocina ‟pulidaˮ como le gusta decir, estaba a punto de terminar. Todo estaba dispuesto en su pequeño apartamento interior para recibir al visitante con overol. Solo pensaba en que el problema no fuese grave. Había guardado, con el celo de una institución financiera, unos CUC.

“Mi tía estas tuberías están muy pasadas, le aconsejo cambiarlo todo, le pongo hasta los tubos nuevos y nos ponemos de acuerdo, sino tendré que visitarla a cada rato. Son 25 CUC”, aseguró Joaquinito en busca de aprobación.

El joven percibió que algo andaba mal porque Fefa se desplomó pálida y sudorosa en el añejo sillón de las siestas vespertinas.

“Mi’jo solo tengo 15”, logró balbucear Josefa.

Muy cerca, Rosita hizo el negocio del siglo, compró una minilaptop a un precio ‟módico”. El vendedor estaba apurado: “Dame 150 CUC y jugamos”.  Y aunque resulta 20 veces su salario siente satisfacción. Días después cuando un informático apenado por el estado de nervios en que se encontraba Rosita, le dijo que le olía mal eso de que el equipo se apagara y encendiera solo, rompió a llorar allí mismo. Se sentía perdida.

“Vamos a hacer una cosa, hoy tengo mucho trabajo, espera un par de días y te hago el favor de revisártela”, le expuso colaborativo aquel joven que laboraba en un negocio particular para arreglar computadoras en Centro Habana.

LOS TROPIEZOS DEL CLIENTE

cuentapropismo

¿Quién soluciona una tupición en la casa si no tiene un ‟socio” plomero? Foto: Internet

En los últimos años han aparecido agencias de contratación de varios profesionales, por lo general a través de Internet y en sectores como el inmobiliario, la comunicación, el arte. Sin embargo, aún no se vislumbran espacios con personalidad jurídica, privados o estatales, que concentren una diversidad de oficios indispensables para la vida cotidiana del cubano. Quizás como las sucursales de empleomanía que en el mundo agrupan a carpinteros, albañiles, plomeros, electricistas, y aseguran no solo hacer lo que necesite el cliente, sino dónde este puede reclamar legalmente si el resultado no es el esperado, algo que hoy en Cuba se encuentra en tierra de nadie.

No caben dudas de que la prosperidad y sostenibilidad a que aspira nuestro socialismo en construcción, lleva implícito garantizar a la gente la posibilidad de acceder a todo tipo de servicios, ya sea desde empresas estatales o por las formas de gestión particulares; e incluso propiciar competencias donde la calidad, el respeto y la satisfacción del cliente sean la única consecuencia.

Dejar solo a los cuentapropistas como “la opción” para arreglar computadoras o minilaptops, por ejemplo, es el otro extremo de lo sublime. Tampoco es secreto que bastantes instalaciones estatales son en muchos casos verdaderos símbolos de mal funcionamiento, de inadecuada atención, y tristemente, de actos como la estafa, el oportunismo y el desvío de recursos.

¿Por qué la empresa eléctrica, acueducto, comunales, brigadas o entidades estatales de construcción y otras tantas solo responden por el espacio público, externo, mientras que puertas adentro del hogar no está considerada su actuación? Y aclaro que no hablo de hacerlo gratis. Tal vez sería una fuente nada despreciable de ingresos.

Por ejemplo, ¿quién soluciona una tupición en la casa si no tiene un ‟socio” plomero o responsable de un camión cisterna “dispuesto” a ayudar con celeridad? ¿A dónde acudir para instalar una ducha, sino al vecino electricista que con los recursos de la propia entidad a su disposición lo hará por la izquierda? ¿Qué hacer si necesitamos dividir una habitación que no conlleve un plan maestro de construcción, ingenieros y arquitectos, solo levantar unos bloques y hacer un repello?

El hecho de que el país haya apostado por ofrecer posibilidades diversas de adquirir materiales de construcción y otros productos imprescindibles no quiere decir que todos puedan asumir la mano de obra, en numerosos casos tan costosa como la propia materia prima.

Es cierto que existen planes de reparación y construcción de viviendas y que la figura del delegado del Poder Popular también está para gestionar la solución de distintas dificultades en la comunidad, sin embargo, todo ello no presupone lo cotidiano, lo inminente, lo que fuera de previsiones temporales sucede a cubanas y cubanos.

ATENCIÓN AL CONSUMIDOR…¿DÓNDE?

cuentapropismo3

Los negocios particulares distan aún de constituir el ejemplo del mejor servicio. Foto: Internet

Días atrás de la inoportuna tupición en la casa de Josefa, Griselda, la presidenta del Consejo de vecinos, había pasado por su modesto inmueble con una proposición. “Fefa, mi’ja, estamos recogiendo un dinerito para contratar una cooperativa que se dedica a arreglar los pasillos, los techos y hasta a pintar. Serían 40 CUC por apartamento, imagínate, por si viene un ciclón”. Josefa pensó en sus ahorros, pero en definitiva decidió no invertirlos en aquella misión. Concluyó que si el edificio se encontraba en mal estado hacía mucho tiempo, no iba a dedicar sus ahorros a algo que debió resolver el Estado.

Y Rosita estaba decidida e ilusionada con arreglar en el más breve plazo su minilaptop. La actitud solidaria de aquel informático avivó su estado de ánimo. Llegó a las 8:30 a.m. al vistoso lugar, donde al parecer sobraban razones para confiar en la capacidad profesional y garantía de sus trabajadores. A las 11:00 a.m., cansada de esperar, optó por marcharse.

‟Niña, Alejandro quizás venga por la tarde, le dijo otro de los jóvenes dispuestos a dedicar sus conocimientos de cibernética, adquiridos en la Cujae, a arreglar equipos de computación, en un área de menos de un metro. ‟Alejandro acordó con un cliente para ir al dentista, tú sabes cómo es”, le susurró bajo.

En ocasiones los negocios o espacios privados distan de constituir el ejemplo del mejor servicio y respeto al ciudadano. La figura del “cuentapropista” no es en sí misma generadora de eficacia, buen trato o servicios probados, como tampoco lo son esos sitios desmejorados en mobiliario y constructivamente, sin recursos para responder por su misión social, ni personal con deseos de atender a quienes allí acuden porque es su única opción económica.

Son mínimas las posibilidades para que Josefa y Rosita, protagonistas de estas historias, “resuelvan”, salvo por la intervención de algunos particulares conscientes, trabajadores estatales solidarizados con el dolor del prójimo o el ingenio u oportunismo de algunos que rara vez se colocan en el lugar del que tiene una dificultad.

cuentapropismo2

No se trata solo de cobrar sino de ser profesionales con el cliente. Foto: Internet

Parecería absurdo hablar de estas problemáticas, por antiguas y poco atendidas, que no necesita ni viejos, ni ningún otro escollo. Tanto desde espacios estatales como privados es imprescindible tener en cuenta las posibilidades económicas de cada cual, sin olvidar los costos y las fórmulas para obtener materias primas. Y mucho menos los mecanismos legales con que cuenta la gente para protegerse y que deberían ir más allá que los actuales “derechos del consumidor”.

El salario no se corresponde aún con las necesidades cotidianas primarias por lo que también habría que renovar los modos y las alternativas que tiene cada ciudadano para solucionar sus prioridades, y por supuesto, la mentalidad de quienes las ponen en práctica, comenzando por el respeto al ciudadano.

No basta con la voluntad solidaria de Alejandro, el informático del taller de Centro Habana, o del plomero que Josefa vio nacer, pero al que todavía debe 10 CUC. Son ejemplos comunes y sistemáticos, y aunque nacidos de la imaginación para presentar la vulnerabilidad de muchos ante ciertas dificultades, ¡cuidado!, la realidad siempre supera la ficción

Nos reservamos el derecho de publicación de los comentarios. No serán aprobados aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *