«Enerología», el uso lógico del tiempo | Revista La Calle
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«Enerología», el uso lógico del tiempo

El sabio le preguntó una y otra vez. La respuesta no parecía complacerle. «Escucha…», y una vez más la pregunta. «¿Cuál es tu mayor posesión?».

Mis tierras, mis propiedades, mis amigos… Pero vez tras vez, la pregunta regresaba, como si no hubiera escuchado respuesta alguna. «¿Cuál es tu mayor posesión?».

Después de aceptar su frustración, el joven, famoso por buen polemista, se rindió. Entonces el anciano se marchó lentamente, dejando en su mano un pequeño reloj.

Bueno, es cierto. Tal vez le pusimos demasiados tintes legendarios. Pero básicamente la historia anónima cuenta eso: nuestra mayor posesión no es material. Eso que realmente podemos decidir cómo usar es nuestro tiempo de vida.

La ciencia puede ayudarte a averiguar precisamente eso. ¿Cómo los seres humanos organizan su tiempo, en que lo usan durante toda la vida y cómo este 2019 que comienza puedes gestionar tus 12 meses según un método más científico?

EL CENTRO DEL SISTEMA SOLAR

Pues sí, los herederos de la (polémicamente) llamada cultura occidental, solemos sentirnos a veces como el centro del sistema solar. Pero la verdad es que en el campo cultural las cosas no son tan exactas como en otro tipo de ciencias y saberes. En esto de cómo organizar el tiempo no siempre fue enero el inicio de un calendario.

Aún hoy, muchas sociedades eligen otras fechas para organizar sus jornadas anuales, como el calendario chino, el judío y el indio, con fechas cambiantes, y el musulmán, que comienza en el mes de Muharram, también variable.

Lo cierto es que como todo, se ha tratado de los poderes dominantes. Pero antes de que el calendario romano llegara a ser como lo conocemos hoy, el de Rómulo apenas contaba con diez meses lunares y comenzaba en el primer equinoccio de primavera, los idus de marzo.

Fueron los desajustes con las estaciones lunares, importantísimas para las cosechas, los que llevaron a Numa Pompilio, según los escritos de Plutarco, a añadir dos meses más: Ianuaruis y Februarius. El primero, nuestro actual enero, dedicado a una deidad llamada Jano, y el segundo, significativo de limpieza o purificación, un ritual religioso celebrado en esa época.

A pesar de ya existir enero, el año seguía comenzando en primavera, y fue un interés político el que llevó al cambio a 12 meses: durante los idus de marzo se nombraba a los senadores, y comenzaba el año, pero ante el estallido de las guerras celtíberas, el ansioso general Quinto Fulvio Nobilior pidió al Senado que adelantara la fecha de los nombramientos a fin de poder trasladar cuanto antes las tropas y preparar la campaña militar para la primavera.

Por primera vez el comienzo del año quedaba oficialmente establecido en las calendas de enero (la primera luna nueva del mes). Sin embargo, aunque el año había pasado a tener unos 355 días, aún era demasiado corto respecto al ciclo de las estaciones.

Fue Julio César quien en el 45 a.C. impulsó una reforma definitiva del calendario y delegó la misión en el prestigioso astrónomo griego Sosígenes. El sabio ajustó la duración de los meses para fijar la duración total del año en 365,25 días transformando así el calendario de lunar a solar.

El papa Gregorio XIII recortaría diez días de deriva por desajustes al año 1582, y oficializaría el llamado calendario gregoriano, tal como lo conocemos hoy, con una duración media de 365,2425 días.

CÓMO USAMOS EL TIEMPO, SEGÚN LA CIENCIA

Pero ya sabemos que el problema vital no es solo tener el orden correcto en un calendario, sino el uso que hacemos de esos 12 meses. Ahí es donde algunos métodos científicos han jugado un rol importante.

Aunque no sean parte de un estudio académico profundo, desde que los métodos estadísticos y la internet se aliaron hay varios datos que nos pueden iluminar en este tema de la gestión de las horas.

Por ejemplo, para 2016 un Informe del Banco Mundial publicó que «los usuarios de la era digital pasan ya como media más tiempo online que durmiendo». Los más activos, agregaba, son los miembros de la llamada generación milennial, nacidos entre los años 1981 y 2000, quienes según una encuesta a gran escala, dedican más de siete horas a informarse, entretenerse o relacionarse a través de medios digitales.

Observaciones similares publicaba la revista Muy interesante, y si bien las variables que utilizaba eran muy empíricas para ser consideradas un estudio científico serio, los datos no dejan de ser relativamente útiles.

Según cálculos con valores promedio relativos, pasamos unos 25 años durmiendo, trabajamos alrededor de 10,3 años —40 horas a la semana desde los 20 hasta los 65—, 48 días teniendo relaciones sexuales, según un estimado de que la sesión promedio de sexo dura  siete minutos y las relaciones sexuales 12 minutos.

Además, según esa publicación mexicana, el promedio de ocio viendo la tele es de aproximadamente 2,8 horas por día.

Pasamos 3,66 años comiendo, aproximadamente 67 minutos al día, y 1,5 años en el baño, si una persona promedio va alrededor de seis veces al día.

Si asumimos que aunque falte exactitud en estos datos, al menos se aproximan a datos reales, no solo surgen densas reflexiones sobre nuestro estilo de vida promedio, la pregunta casi existencial de cómo gestionamos nuestro tiempo del mejor modo posible se vuelve imprescindible. Pero en ese apartado la ciencia también da sus pistas.

LOS SMART POMODOROS

En nuestra sección, comenzamos a hablar de algunas técnicas de la sicología para lograr una buena gestión del tiempo desde enero pasado, cuando nos referimos al método SMART.

Se trata de establecer objetivos que cumplan obligatoriamente todos estos requisitos: ser específicos, medibles o chequeables, alcanzables, relevantes para ti, y limitados en el tiempo; o sea, propósitos muy concretos.

Este modelo, curiosamente, llegó desde las ciencias económicas. Fue publicado por primera vez en 1981 por George T. Doran, consultor y exdirector de Planificación Corporativa de Washington Water Power Company en el artículo Hay una manera inteligente para escribir metas y objetivos de la administración.

Pero otro método muy usado en el tema de la gestión temporal que está dando resultado a miles de personas en el mundo es la técnica de los pomodoros.

Aunque tampoco hay un estudio científico que se haya centrado en ella, la técnica pomodoro, combinada con el método económico del SMART puede ser muy útil.

Se trata de hacer una lista de pendientes, dividirlos en tareas más pequeñas, usar un temporizador para contar intervalos de 25 minutos para cada tarea, y tomar un descanso de cinco minutos una vez terminado cada intervalo.

Cada cuatro pomodoros, tomar una pausa más larga de 30 minutos permite equilibrar espacios de trabajo intensivo con el descanso recomendado por sicólogos para tu cerebro.

Aunque tales métodos son útiles, esperamos que estos pequeños aportes de la Historia, la Economía y la Sicología se combinen con tu sentido común para priorizar metas emocionales, espirituales y de autorrealización para este año. La ciencia aporta herramientas, pero en qué usas el mayor tesoro que posees sigue siendo una decisión empírica y muy humana.

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El calendario solar que más usamos no es el único, coexiste con el judío, el hindú, el chino, entre otras opciones. Foto: Tomada de Pinterest

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