Eso tiene un nombre: Fidel Castro Ruz | Revista La Calle
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Eso tiene un nombre: Fidel Castro Ruz

Y hubo tal silencio el día que nos tocaba olvidar, que de tal suerte yo todavía no terminé de callar.

Dicen que cuando un silencio aparecía entre dos, era que pasaba un ángel que les robaba la voz*. Y Fidel dejó a la ciudad de La Habana muda, drásticamente callada en los rincones de sus hogares, casas de cemento y madera sorprendidas con la noticia que nadie quiso escuchar jamás. Y el mutismo no era más que el presagio de lo que viviría Cuba en las mañanas de este lunes, martes y miércoles.

Llegar al interior del Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución para rendirle homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro exigió permanecer más de siete horas en la fila, una fila interminable, callada también y solamente interrumpida por el llanto de una anciana, el gemir del combatiente, el rayón del lápiz del alumno, el aletear de una mariposa en la mano de alguien.

Busco sonidos en esta ciudad desconcertada, inédita, pero el silencio quiere gritar, y a ratos, porque es de cobardes no hablar, en el sillón más alto de la Plaza de la Revolución, donde nos sentamos todos los que subimos a pie, se escuchan por fin sustantivos y adjetivos, como un susurro que no quiere interrumpir todavía el silencio.

Mi Fidel es un Fidel que conocí desde pequeño, que me daba motivos para protestar cada vez que me quitaban los muñequitos para poner uno de sus discursos, un Fidel que comencé llamándolo papá porque así le decía mi mamá, que lo conocí en las Plazas abarrotadas cuando pedíamos por el regreso de Elián, y lo veía a distancia tan grande que se fundía con el cielo, era mi Fidel árbol porque extendía sus brazos para proteger a su pueblo, y  hoy es un gran árbol regando semillas por todo el país”.

A Gustavo Sánchez lo quiero más desde ese día que compartió conmigo su concepto de Fidel. Decía Elián González que cuando el Comandante llegaba, se robaba todo el aire de la habitación, por eso no me cabe la menor duda de que solo se ha escondido un rato, haciendo silencio él también para luego sorprendernos con su tamaña hidalguía y regañarnos si algo mal está hecho.

Fidel está en silencio, callado, pero el pueblo está pensando que siempre estará con nosotros, creo que después de Martí es Fidel. He llorado mucho, pero creo que es momento ya de superar el llanto para seguir luchando”. Y vuelve la profe Ángela Quintero, a quitarle al silencio fuerzas con el poder de la tiza y el borrador en la pizarra.

Yo no me quiero acordar de aquel día en las guaguas y las paradas, por primera vez dejaron llorar a los hombres en Cuba. Y es que “Estos son días difíciles pues vamos a despedir no a un ser familiar, sino mundial, para mí es inolvidable el recuerdo de nuestro líder”. Cómo rebatirle a Pedro Clavel, que tiene más años que yo, a las personas mayores hay que hacerles caso, me decía mi mamá que ese día al tomar el teléfono solo atinó a decirme que Sí.

Y ese Sí lo guardo para aguantar todo el silencio y el llanto de esta ciudad, convertida en Isla hoy y mañana. Siempre.

Lo que más me impactaba era su capacidad para estar en todas, es una persona que abarcó todos los sentidos de un país, en los mínimos detalles que tú pensabas que Fidel no estaba, sí estaba. Ahora que las personas que estuvieron junto a él nos cuentan sus anécdotas, recuerdo una de Ramón Pardo Guerra, el General de División, que decía que cuando estaba de misión en Angola, Fidel lo llamaba para conocer cómo estaban los ataques y le preguntó hasta por la goma de repuesto de su vehículo…y la goma de repuesto estaba “ponchada”, así que fíjese la capacidad para imaginarse las cosas y dirigir desde la distancia los procesos revolucionarios.

Uno, dos, tres…, cuento los segundos del silencio que hace la doctora Talía Ramos para capturar el sonido y convertirlo en palabras en lugar de lágrimas: “Creo que ha sido uno de los días más tristes que voy a vivir, hay que pensar que no es una despedida definitiva porque el legado que nos deja es tan grande que se queda presente. Son tantas cosas que queremos hacer aquí en Cuba para demostrarle, para decirle que estamos con él, que creo no va a ser suficiente, es un trabajo diario”.

El historiador Eugenio Ramos, sí no se ha callado, dice, porque “la grandeza del Comandante es tal que nos ha preparado para este momento, que nos ha llenado de confianza, nos ha dicho que él no es lo más importante, que lo más importante es preservar lo logrado.

“También pienso en Raúl, qué sentido del deber, qué entereza, un soldado, pero también un hermano leal. No he asistido a otro momento donde el hermano de una primera figura haya sido tan fiel como lo ha sido nuestro Presidente. Y fíjate cómo nos ha dado la posibilidad de participar a todos para manifestar el dolor, porque estamos hablando de un hombre que ha hecho poesía con el pueblo, hombre que ha logrado que hasta sus propios enemigos reconozcan en él, en su pueblo, la grandeza que no han encontrado en otras partes del mundo”.

El sonido se agita, revuelca al silencio, y lo hace ruedas, lo hace bandera, lo hace pueblo, lo hace Santiago.

Briant Marín rebatió el mutismo de lado a lado y entretejió la única oración que hoy nos conforta: “Mi Fidel está en los niños que van a la escuela, en la doctora que inyecta a mi hijo, el jonrón del próximo mundial que ganaremos. Mi Fidel es levantarme todos los días temprano para seguir levantando a este país. Mi Fidel está en todas partes, ayer lo decíamos en la Plaza, Fidel Soy yo”.

Parece un adiós que no termina, y yo no acabo de decirlo, como si fuera cómplice del silencio, enmudezco; he decido hablar con el sonido de otros, llorar con la tristeza de otros, escribir con las palabras de otros, siempre que ha sido mi sonido, mi tristeza y mis palabras.

*Fragmento de la canción de Silvio Rodríguez “Ángel para un final”

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