EL REY DE LAS PALMAS | Revista La Calle
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EL REY DE LAS PALMAS

Antes del paso del huracán Irma, Aroldo tenía en su pedazo de tierra animales, plátanos, aguacates  y más de 500 palmas reales.  Ahora este gigante esmeraldense se quedó sin crías  ni  plantación. Pero le queda la satisfacción de haber donado su demolido palmar a las familias damnificadas necesitadas de tablas para hacer viviendas. 

“Las regalé todas. Hay que ayudar a las personas en momento difíciles como estos y por eso no dudé en aportar lo que tenía”, dijo a la prensa local el “Rey de las palmas” de la comunidad Aguacate, en Esmeralda, que ahora disfruta de su gesto solidario al ver convertido su palmar en cobija segura para unos cuantos vecinos.

En el campo este tipo de vivienda siempre fue preferido por los campesinos más pobres. Ahora es una solución rápida y segura para los que lo perdieron todo. Algunos aseguran que estas construcciones cuando se hacen como es debido, pueden durar  más de 20 años.

La compone un portal, sala, cocina comedor, dos cuartos  y un baño. El techo puede ser de fibrocemento con el piso de cemento pulido.

Arnoldo Hernández, de 72 años de edad, no quiso cobrar sus maderos, los donó como quienes prestaron sus casas al necesitado, dieron agua y comida al vecino cercano y lo seguirán haciendo una y otra vez, porque la Revolución no enseña a eso.

Al bondadoso agramontino aún le quedan unas cuantas palmas en pie. Ellas forman parte de nuestra identidad nacional y quien las cuida, un símbolo de solidaridad y defensa de los valores humanos que nadie nos puede quitar.

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