Conectar un hit desde el barrio: Fidel y la pelota | Revista La Calle
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Conectar un hit desde el barrio: Fidel y la pelota

Tal vez hablar de béisbol en Cuba, en tiempos en los que el fútbol ha tomado nuestros barrios sea para algunos innecesario; pero ¿quién no recuerda cuándo a escondidas cogíamos las medias de papá para hacer una pelota de trapo y usábamos un palo como bate?, no tenía que ser el mejor, pero siempre nos funcionaba.

En el barrio siempre innovábamos, y me incluyo porque siempre me gustó jugar a la pelota o al “quiquimbol”. Era una de esas que promovía el deporte -hubo un momento en el que pensé que podía ser atleta-, y junto a mis amiguitos era la culpable de los gritos de los vecinos, cuando advertían “¡Me van a romper las matas!”. Creo que esos momentos fueron especiales, aunque no éramos conscientes en parte de que estábamos revitalizando nuestro deporte nacional.

Hay quien dice que ya no es el mismo de antes y que nuestros jóvenes solo hablan de Messi y Cristiano; sin embargo, en el barrio se rememoran constantemente los clásicos juegos entre Santiago e Industriales, cuando, como dicen mis vecinos, “la pelota sonaba”.

Los aficionados asistíamos al estadio y regresábamos roncos a casa, sé de algunos que infartaron en el clamor de la emoción y de otros para quienes la serie nacional era todo un carnaval. Ejemplo de ello lo ha constituido la fanaticada del equipo Santiago de Cuba, pues cuando las avispas picaban duro, la Trocha se cerraba en la tierra caliente.

El béisbol constituye elemento primordial de nuestra identidad deportiva, es un deporte que aún se sigue practicando en las comunidades y a la que a lo largo y ancho de la Isla no pocos dedican los fines de semana para desconectar del trabajo y otras obligaciones.

En una ocasión nuestro líder histórico Fidel Castro Ruz, principal promotor del deporte en Cuba expresó: “Nuestra Revolución ha establecido el principio de que el deporte es un derecho del pueblo, a lo cual podríamos añadir que el deporte es también un deber del pueblo”.

Es por esta razón que debemos rescatar desde el barrio nuestro deporte insignia, promoviendo la participación de nuestros jóvenes en eventos deportivos de esta índole. Recordemos que la primera educación que recibimos proviene del hogar.

Yo recuerdo que cuando era niña en mi vecindario cada tarde la mayoría de los hombres les enseñaban a los más pequeños de casa cómo se bateaba, lanzaba o cuáles son las señas que el receptor hace al pitcher.

El béisbol es un deporte que nos identifica y que independientemente del lugar en el que estemos siempre vamos a defender.

FIDEL Y LA PELOTA

Imposible olvidar aquella noche del 18 de noviembre de 1999 cuando Fidel, en calidad de manager, y Hugo Rafael Chávez Frías, como lanzador e inicialista, protagonizaron un desafío inusual en el estadio Latinoamericano.
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Fidel Castro y Hugo Chávez en el Estadio Lationamericano de La Habana.

Chávez había presidido la delegación de su país a la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana y realizó una visita de Estado de dos días a nuestra Isla, la cual aprovechó para desarrollar un partido amistoso de béisbol.

El conjunto anfitrión abrió con Alfredo Street, quien soportó temprano un par de anotaciones; sin embargo, Cuba se fue delante en el final de ese mismo inning cuando Chávez, que trabajó durante cuatro entradas, transfirió a Anglada y a Rodolfo Puente, mientras Agustín Marquetti y Lourdes Gourriel conectaron hits.

A mitad del choque, Fidel le hizo una broma a su par venezolano al enviar al terreno luciendo improvisadas barbas y bigotes a peloteros que intervinieron en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en ese mismo año; pero cuando entró en circulación Orestes Kindelán, un jugador muy conocido por el mandatario venezolano, automáticamente Chávez descubrió la broma de su eterno amigo.

Más allá de la victoria de los cubanos con marcador de 5 a 4, el acontecimiento entró en la historia como una página inédita: el enfrentamiento amistoso de dos líderes de pueblos hermanos, representantes de la tierra de Bolívar y Martí.

Antes de abordar el avión que lo llevaría de regreso a su patria, el presidente venezolano advirtió: “Les estaremos dando la revancha el año que viene”

Esta se dio en Barquisimeto, el 28 de octubre de 2000, día en que se cumplieron 41 años de la desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán.
Tras finalizar el tope realizado en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez, Chávez tomó la bola para lanzarles a los integrantes de la delegación cubana.

Al Presidente de la mayor isla caribeña lo llevó al conteo de tres bolas y dos strikes.
Un lanzamiento dudoso que el árbitro principal cantó strike motivó el desacuerdo de Fidel, quien reclamó que era la cuarta bola, con lo cual dio un tono picaresco al espectáculo.

Transcurridos casi siete años, en mayo de 2007, al terminar el desafío entre Cuba y Venezuela que cerró el programa beisbolero de los II Juegos del ALBA, Chávez en tono de broma rememoró: «¿Se acuerdan del ponche aquel que le di a Fidel en Barquisimeto? Pues en realidad el lanzamiento fue bola, porque Fidel no se poncha nunca».

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