Coleccionista de calles | Revista La Calle
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Coleccionista de calles

El mundo está cubierto de rutas que si se le mira de lejos semejan una red, una donde están atrapados millones de seres humanos. Hay hilos que se extienden por montañas o grandes ciudades, otros que se alargan hasta perderse en el horizonte; también existen caminos de piedra, tierra, madera, metal y otros que se crean en la mente; y aun cuando se acaban las vías, para un “colecciona de millas” como Orlando Estol Ruano, La Calle no tiene límites.

“Vengo coleccionando la revista La Calle desde el año 2000, la compraba en los correos, hasta que en el 2004 me hice miembro de la dirección municipal de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). A partir de ese momento comencé a recolectarlas; las leíamos en el Consejo de Dirección, las debatíamos, y la llevábamos hasta las zona para analizarlas con el barrio en su totalidad”.

Orlando es un hombre organizado, lo demuestra con los archivos cederistas de la zona 43, donde es Coordinador; y aunque las tierras santiagueras de Baraguá son muy movidas, cuando llega la calma, el “coleccionista de calles” sabe cómo activar la vida en su comunidad, y al mismo tiempo emplear una publicación que le apasiona.

“Pienso que La Calle tiene gran importancia, y parte de su objetivo esencial está centrado en dar a conocer el trabajo de los CDR en todos sus niveles. Hay asuntos que no se publican en Granma, que no sale en el Sierra Maestra o en el Juventud Rebelde, y sí tienen prioridad en la revista de la familia cubana. Es hermoso revivir la historia en sus páginas y generar interés en los jóvenes, que son hoy un blanco para la subversión ideológica. Por eso me preparo, la leo, escojo los trabajos que funcionen para nuestra comunidad y convoco a un debate. Ese día no solo damos opiniones de asuntos específicos, si no que hacemos trabajos voluntarios, embellecemos la cuadra y activamos la vida en toda la zona”.

La Calle tiene una “sazón” que hipnotiza, porque como ingrediente emplea el sabor fresco de los barrios cubanos; es una caldosa que permite a sus lectores transportarse por toda Cuba y conocer desde una óptica enriquecedora, las “mañas” de aquellos cederistas que logran excelentes resultados en sus territorios.

“De los temas que tratan me motivan todos – asegura Orlando –  Por ejemplo, en las ediciones 84, 85 y 86, hablan de la tecnología que viene avanzando; de la Wifi, que acorta las distancias entre familias que están lejos y que permite navegar en internet; pero la publicación de los comités trata estos temas de forma fresca, desde el punto de vista del barrio (…) En la revista hemos visto cómo se trabaja en los diferentes lugares donde hay resultados positivos en los CDR, y nos llevamos la experiencia enriqueciéndonos para ser verdaderos líderes comunitarios”.

La Calle recorre todo el país, se ramifica y divide alcanzado territorios apartados, porque donde hay un barrio o un cederista, hay lectores potenciales; se nutre de la vida comunitaria y repara sus baches a base de criterios acertados y constructivos.

“Mi principal recomendación es seguirla, que no tenga un fin, que su edición sea continua, que el objetivo continúe siendo reflejar la vida del país desde el interés de la familia cubana. Creo que sería bueno darle un poco más de divulgación, que el mundo conozca que aunque Cuba tiene miles de calles, algunas con grietas o intransitables, hay una de ellas que cada día está más fuerte, y esa es La Calle cederista”, concluye.

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