Cederista hasta la muerte | Revista La Calle
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Cederista hasta la muerte

Más de treinta años como presidenta de su CDR y abnegada activista desde la fundación misma de esta organización son méritos suficientes para Carmen Delgado, una anciana de 89 años que no se queda sentada cuando hay trabajo voluntario en su barrio y es la primera en empujar a la gente para hacer que funcione el Comité.

Los vecinos de la calle Julián Grimau la tienen como presidenta honoraria. Pasan los años y la anciana continúa dando indicaciones y azuzando a los vecinos para que engalanen y participen en las actividades, pues ella misma no se aguanta estar sentada en el portal de la casa y ver cómo el resto de los cederistas preparan la caldosa, barren la calle y ponen las banderolas cuando hay una fecha festiva.

“Los años no me dejan hacer mucho. Ojalá pudiera salir como antes y ser la primera en el trabajo voluntario”- dice con añoranza y voz dulce la viejecita sencilla que recuerda tantas historias vinculadas a su barrio y su gente, de las que siente orgullo, mucho orgullo, asegura.

“Desde la fundación de los CDR me dediqué por completo, primero como activista, después ocupé algunos cargos hasta ser presidenta. Fueron más de 30 años como presidenta de este Comité, aquí en la Julián Grimau, y fueron más de 30 años siendo vanguardia, no sé cómo saqué fuerzas y carisma, pero los vecinos me seguían, nunca dijeron que no a una tarea que les convocaba”- cuenta Carmen.

“Recuerdo que nos dieron la tarea, a principios de los 60, de llegarle a cada barriecito, en la zona rural, para conformar los CDR. Eso era impresionante como las mujeres decía que sí estaban en disposición y empujaban a los hombres para que participaran. Nos reuníamos con ellos y les dábamos las orientaciones, siempre cumplían con todo, era una época maravillosa. Mucho entusiasmo en la gente, y más cuando hablaba Fidel. Eso era una Revolución dentro de otra Revolución”- precisa la anciana.

“Hacíamos guardia, apoyábamos la policía en los recorridos… recuerdo una vez que me tocó recorrido por uno de los centros de acopio, ahí en el 45, esa vez fue toda la noche, estábamos chequeando que no se produjeran sabotajes a la industria azucarera, fuimos mi esposo y yo, y otros compañeros. Son momentos inolvidables”, dice y suspira.

Y es que Carmen Delgado no solo era una activa cederista desde el mismo día en que se creó esta organización de masas, sino que continuará siendo hasta que muera una eterna militante revolucionaria, pues la orientación está dada –“Cuando me muera, y solo cuando me muera, los carneces y las medallas van conmigo a la caja, mientras, hago hasta lo imposible por proteger la Revolución y cumplir con las tareas de los CDR. Y del Partido no me salgo mientras viva-.

Aunque los años le hacen fallar un poco los recuerdos y habla de forma pausada para no disociarse del tema, Carmen Delgado no olvida tantos años de trabajo en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), siendo trabajadora social de la Federación de Mujeres Cubanas, como militante del Partido, como miembro de la Policía Nacional Revolucionaria y como una de las tantas jobabenses que rompieron tabúes en su época y apoyaron cuanto proceso social emprendía la Revolución.

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