Es la una de la tarde en La Habana y 23 se pierde en el calor que desprende el asfalto, veo figuras difusas que saltan de sombra en sombra, las paradas llenas y me estremezco de solo pensar en el P6.
Imagino la guagua como una olla de presión, una de esas “reinas” combinadas en metal y plástico que al abrir sus puertas suelta el vapor, dando indicios de lo que se “cocina en su interior”, con aroma no precisamente a frijoles o a nada comestible.








