A las puertas, la mejor fiesta del barrio | Revista La Calle
ajiaco 1

A las puertas, la mejor fiesta del barrio

El 28 de septiembre de 1960 nacieron los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) fruto de la sabiduría y espíritu visionario del Comandante en Jefe Fidel Castro, y de un pleno respaldo popular.

Al calor, energía y patriotismo del pueblo los CDR han crecido en estos 57 años con suficiente fuerza como para seguir latiendo al compás de la Revolución.

Fidel tuvo la clarividencia y sagacidad para intuir que era ese el preciso momento y no otro para fundar una organización que se sustentaba en la vigilancia revolucionaria, cuando peligraba la existencia misma del proceso recién comenzado en 1959.

Pero les han dado vida y aliento a otras muchas misiones desde el barrio y la comunidad, una manera sui géneris de aportar el mejor de los servicios a la Patria.

Un suceso, dentro del acontecimiento mayor que resultan los propios CDR, son las tradicionales fiestas del 27, esperando el 28 de septiembre, que tienen el poder de aglutinar a los vecinos de la cuadra para celebrar la efeméride y reseñar cuánto se ha hecho con la contribución de todos.

No faltan desde tareas tan sensibles como las donaciones voluntarias de sangre hasta la recogida de materias primas, o sencillamente el reconocimiento a quienes más sobresalen en el cumplimiento del deber y el aporte colectivo.

Gratos recuerdos se guardan de estas fiestas del barrio, donde los cederistas se reúnen como una gran familia para festejar. Así ocurre siempre, cuando la proverbial solidaridad de los santiagueros y la alegría que desbordan por los poros, convirtieron este arraigado encuentro en otra jornada inolvidable.

Principal anfitriona de esos festejos es la sabrosa caldosa, con el aderezo propio de cada barrio donde hay un Comité, no la de los famosos tuneros Kike y Marina, sino la de las vecinas María, Niurka, Magaly, Fadorna, Migdalia que saben ponerle el sabor necesario y darle un punto como para chuparse los dedos.

Entre el chiste, el baile y el traguito que tampoco faltan en la festividad, se pasa un rato muy agradable, y quien no está por cualquier circunstancia, lo siente.

Siempre hay ausencias muy justificadas como la de Rosario, la médica que cumple misión en Venezuela con manifiesta nostalgia por perderse el jolgorio vecinal, o de Irma, la profesora de Educación Física también prestando servicios en la hermana nación sudamericana.

Y es que los CDR tienen la virtud de haber hermanado a hombres y mujeres de todas las generaciones, profesiones y oficios, en el afán de preservar el barrio que es preservar la Patria, y de fomentar valores como la unidad, la solidaridad y la amistad, precisamente en los más jóvenes.

La noche del 27 de septiembre será oportuna también para el tributo a una organización con la madurez de 57 años y el fervor del primer día, de la que sentimos orgullo por ser expresión auténtica de la voluntad de salvaguardar la sociedad que edificamos.

Ese día de cumpleaños hay en cada CDR un momento muy especial para homenajear a los fundadores: ahora serán Gerardo, Manolo y Gilberto, que como tantos otros se dedicaron sin miramientos a las tareas fundacionales en 1960.

Ellos soñaron, se arriesgaron, vivieron, no pensaron en medallas ni méritos, solo en la satisfacción de saberse partícipes de la creación de una obra mayor, una organización de masas que hace y defiende la Revolución desde la comunidad.

Nos reservamos el derecho de publicación de los comentarios. No serán aprobados aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *